sábado, 19 de septiembre de 2026

N-222, el Duero portugués

Desconozco si esto nuestro es una enfermedad; si lo es y tiene cura, ¿la deseamos?

Mojón de comienzo de la N-222 en V.N. de Gaia


    Bienvenidos mis siempre selectos y estimados amigos lectores de 10 Pulgadas

    La frase con que inicia este cuento no abandona mi cabeza desde hace días; se refiere a nosotros, a los que encontramos un infinito placer- aún a costa de ciertos sufrimientos- en recorrer caminos sobre una montura mecánica llamada motocicleta.

Los causantes del hecho


    Este año está siendo, por ahora, tremendamente fructífero en el más puro sentido viajero sobre una moto: primero la Transpirenaica y ahora la N-222. ¡Que siga así!

    Preguntaba sobre esto nuestro al principio porque, a veces, parece que no tenemos más freno a la hora de montar en moto para recorrer carreteras y ver lugares, paisajes y gentes que la disponibilidad de efectivo en la cuenta corriente; puede llegar a parecer enfermizo a ojos de quien no entiende- porque nunca ha tenido la fortuna, para nosotros, de experimentarlo- que pasemos calor, frío, suframos la lluvia, la peligrosidad de un vehículo naturalmente inestable...No voy a intentar convencer a nadie, no voy a hacer proselitismo del motociclismo, en especial del moto turismo, pero seguro que muchos acabarían entendiendo la relación tan especial que tenemos la tríada piloto-máquina-viaje.

    A la vuelta de la Transpirenaica comencé a darle forma a la siguiente: N-120, Stelvio, N-2... Alguna la descarté casi de inmediato por cuestiones económicas- y familiares- como el Stelvio, por ejemplo. Pasar, otra vez, 10 días fuera supondría un esfuerzo económico importante...¡amén de algún rechiste en casa!

    Cerca, debería ser más cerca. Y, de repente, apareció como salida de algún oscuro lugar remoto y olvidado: la N-222 portuguesa.

    Asequible en distancia al punto de partida, contenida en recorrido y económica en coste. Perfecta.

    No quería ir solo. Después de la urgencia que supuso el partir solo- por cuestiones puramente mías- hacia los Pirineos, sabía que esta vez no podía ser así. Lo debía.

    Me puse de acuerdo con Álvaro y, más o menos, una semana antes, ya teníamos alojamiento reservado, fecha de salida y recorrido- por lo menos yo- esbozado.

    A la moto no le hice más que un reconocimiento básico: niveles, presiones y limpieza. Tampoco necesita mucho más.

    Acordamos realizar el recorrido completo en dos días: sábado y domingo. Mi propuesta era hacer la N-222 "pura", desviándonos lo mínimo de su trazado. Por eso a podido quedar fuera algunos puntos que suelen citar otros viajeros como interesantes.

    El sábado 12 de septiembre a las 10 en punto de la mañana nos encontramos casi a la entrada del puente internacional de la A-55, en el lado español. ¡Arrancamos!.

Esperando a Álvaro a la entrada del puente internacional de la A-55


    La primera parte del viaje, casi podríamos tildarla de aproximación, nos llevo por la autopista A3 desde Valença do Minho hasta Maia. No teníamos necesidad de hacer un recorrido turístico en esta parte y parecía lógico haerlo lo más rápido posible. 

    Sospechas sobre el funcionamiento del dispositivo Via T- por mi parte todavía no puedo confirmar que ha funcionado correctamente-, velocidad de autopista y kilómetros de una cierta conocida monotonía. En menos de hora y media nos plantamos en Maia.

    Como creo que ya he comentado alguna vez por aquí, tengo familia en Portugal, en Porto. Había avisado a mi primo Antonio y a su hijo César (¡parecemos continuamente enrocados en los mismos nombres en la familia!) de que pasaríamos por Porto. Me apetecía, como siempre, verlos y estar con ellos un rato. ¡Si estamos media hora más, ya nos quedamos a comer allí y nos despedimos de nuestros planes! ¡Siempre es muy poco tiempo!.

De izda. a dcha.: un servidor, mi primo Antonio, su hijo César y Álvaro


    La N-222 comienza en Vila Nova de Gaia, en la orilla izquierda del Duero, casi en donde se encuentra con el oceáno.

    Hace calor, bastante calor y de Maia al mojón indicador de comienzo de la N-222, el navegador se empeña en hacernos callejear por Porto; adoquines, tráfico, calles estrechas y calor. La vista del arranque del puente del Infante supone un importante alivio y en unos 10 minutos nos plantamos delante del indicador del comienzo de nuestra pequeña aventura.

    Esto marcaba el comienzo de la ruta planeada, pero ¡tuve la sensación de haber conseguido un hito!. Realmente una sensación curiosa.

    Comenzamos.

    Partía con la idea de que esta carretera seguía constantemente el curso del Duero en todo su recorrido. No es así. Ha sido catalogada en  2015- así está indicado en el monolito final- como "la mejor carretera para conducir del mundo", en un estudio patrocinado por Avis. Mi parecer, al final.

    Tenía programadas una serie de paradas en puntos que había encontrado como sugerentes e interesantes, por lo que procuré- ¡procuramos!- respetarlos.

    El primero de ellos era el mirador de Labercos. Hasta allí, la carretera no deja de ser una casi constante travesía. Llega a ser algo insulsa, pesada, cansina y alejada del curso del río. Menos mal que las vistas desde el mirador compensan lo aburrido de este tramo. ¡Espectaculares!.

Meandro del Duero desde el mirador de Labercos


    A partir de Labercos (o Lavercos como figura en algunos sitios) la carretera se vuelve a separar del río para volver a rozar su cauce un poco más adelante, en Pedorido. Esto va a ser una constante a lo largo del viaje.

    La siguiente parada era la zona de recreo fluvial de Fornos, pero- ¡cómo no!- el navegador comienza a hacer de las suyas y complica la situación, de manera que decidimos parar a comer en Castelo de Paiva.

    Encontramos un lugar bastante agradable. Comemos de maravilla por un precio realmente contenido...¡muy contenido! frente a las dependencias de los bomberos.

    Ahora sí, repuesto de alimento el cuerpo, nos acercamos a Fornos. Tienen un área recreativa a pie del río muy agradable y completa, la verdad. ¿De particular además del paisaje y de lo habitual de estos espacios?, la isla de los Amores, que, parece ser, fue el escenario de un crimen por amor entre un noble caballero y una  muchacha campesina...¡en fin!.

La isla de los Amores en Fornos


    Calor. Continuamos con mucho calor, tanto que comenzamos a prescindir de las chaquetas...sí, que no es recomendable, pero es que hacía mucho calor.

    Continuamos ascendiendo, tanto por el río, como en altimetría ( hemos partido a unos 85 m.s.n.m. en V.N. de Gaia y en Castelo de Paiva hemos comido a cerca de 200 m.s.n.m.).

¡A la sombra, que hace mucho calor!


    Cruzamos el puente de Caninhas dejando el distrito de Aveiro y entrando en el de Viseu. 

    La carretera continúa con su tónica- muchas travesías-, pero empieza a hacerse algo más divertida: ¡disminuye el tráfico y aumentan las curvas!

    El ascenso es notorio. Es muy evidente que subes y subes. Al llegar a Cinfães ya estamos a más de 360 m.s.n.m., más de un 7% de pendiente media. Casi todo el viaje hasta Almendra- fin de la N-222- he seguido esa tónica; se acerca al río, baja, se aleja del río, sube.

    Al llegar a un sitio llamado "Lugar da Enxertada" hay un corte- con prohibición de paso- en la N-222 por rotura del firme y hundimiento de la base de la carretera. Está bloqueado el paso con separadores de hormigón, pero...¡hubo uno que quería pasar!. Realmente traspasamos la primera barrera, pero la segunda no la pasábamos...¡por lo menos mi moto no!. La de Álvaro es más estrecha y viendo el vídeo que grabé, tampoco pasaba. Media vuelta.

    Tenemos que retroceder hasta São Martinho de Mouros y tomar la CM-1057 hasta Lamego y de ahí, para lo que quedaba, subimos directos hacia el alojamiento que teníamos reservado en Queimada.

En Figueira, ya próximos al alojamiento de Queimada


    Ha sido el único tramo de la N-222 que no hemos hecho y, en buena parte, por la imposibilidad material de realizarlo.

    El alojamiento ha sido, creo, un acierto total. Es una antigua "casa grande" rehabilitada como alojamiento rural, enclavado en medio de una tranquila aldea. Aparcamos, descargamos, nos aposentamos e intentamos- más bien el encargado del alojamiento- encontrar un sitio para cenar. Sorprendentemente, de los dos establecimientos que sirven para tal efecto, uno está con un evento privado y el otro está ¡completo!. Curioso.

Una de las casas- casi única en su estado y tipología- de Queimada


    Arreglamos una cena más que suficiente en el propio alojamiento, precedida de una cerveza a la fresca en los asientos del patio y rematada con una agradable sobremesa con copita de oporto. ¡Estupendo!. A dormir.

Patio de nuestro alojamiento. Casal da Viuva


    Dormir, la verdad, hemos dormido poco. Yo, por lo menos, cuando tengo que dormir fuera de casa, la primera noche siempre extraño mi cama- ¡normal!- pero, aún así, creo que he dormido algo más que Álvaro, según me comentó a la mañana siguiente.

    Las motos, por ahora, van bien a pesar del calor aderezado con unas velocidades medias bajas por el tráfico, las constantes travesías, el paso por zonas adoquinadas y la propia orografía del recorrido. La temperatura de la Honda se mantiene estable, no ha vuelto- después del cambio del tapón del radiador- a expulsar ni una gota de refrigerante y ¡mantiene sus constantes vitales en plena forma!...¡qué gozada de  moto para viajar!. La Guzzi de Álvaro ruge tosca como bicilíndrica italiana de buena casta.

    Preparativos de buena mañana. Se me cae el casco...¡nada    extraño!. Es la primera vez que este se cae por colocarlo mal mientras cargo la moto. ¡Nada nuevo!. Pantalla ligeramente- muy ligeramente- rascada en un extremo y una pestaña rota más un par de arañazos en la pintura de la calota. Nada que impida su uso.

    Arranca la segunda y última jornada.

    La idea es deshacer el camino para acercarnos a Peso da Régua y al mirador de S. Leonardo de Galafura.

    Hacemos primero una parada- ya empieza a apretar el calor- en Regua, tomamos un café, hacemos unas fotos y nos vamos hacia arriba, al mirador.

Peso da Régua


    La subida es larga desde Regua- 19 km- aunque la carretera está en muy buen estado y el tráfico es escaso. Se sube a buen ritmo y en unos veinte minutos, aparcamos en S. Leonardo.

    Las vistas...¡espectaculares!. No tienes más que ver las fotos.

El Duero desde S. Leonardo de Galafura




    Regresamos a Regua para retomar la N-222 justo en el puente de la N-2 (otra que está en espera). 

Peso da Régua. El antiguo puente del ferrocarril


    Este que vamos a comenzar ahora es el tramo que da fama a esta carretera y el que hizo que se nominase como la mejor para conducir del mundo y que une Peso da Regua con Bateiras. Son unos escasos 21 km en los que, ahora sí, vas contínuamente pegado al Duero y, prácticamente, a su nivel.

    Escaso tráfico, temperatura agradable- el talud a la derecha de la carretera nos protege del exceso de sol y calor- y un paisaje y trazado que desearías que se prolongase, digamos, por unos cien km más. 

    Veinte minutos de río y terrazas- cuasi anfiteatros vinícolas-, aderezados con la quietud de las aguas, rota, solamente, por el paso de alguna embarcación de recreo. ¡Memorable!

Entre Peso da Régua y Bateiras


    El final de este relajante recorrido sucede al cruzar el puente sobre el río Torto. Más allá está Pinhao. No está en nuestra dirección. 

    Nos dirigimos, continuando la N-222, hacia S. João de Pesqueira.

    ¡Pasas del cielo al infierno sin etapa en el purgatorio!. La carretera sube, sube y sube. Pasamos de 84 ms.n.m. a 615 m.s.n.m. en ¡18 km!. A esto súmale que hasta Ervedosa do Douro está en obras, con constantes paradas obligadas por regulación semafórica por único carril hábil y el constante polvo en suspensión por las obras, además de un asfalto completamente roto.

    El último tramo- con ligera bajada- alivia algo la situación y nos pone a una hora adecuada para comer en Horta.

    Otra comida muy agradable- a la sombra, bajo unas parras-, económica y suculenta-. Estamos a menos de cuarenta minutos del fin de la N-222 en Almendra. Vamos rematando, que todavía tenemos el regreso a casa por hacer.

¡Qué bueno estaba este bacalhau à brás!


    Este último tramo no tiene una relevancia especial: buen, magnífico, trazado, curvas, poco tráfico...¡calor!

    Llegamos al indicador de final de la N-222. Es un sitio, ciertamente, inhóspito, desangelado, en medio de la nada, si no fuese por ese indicador lleno de pegatinas de otros como nosotros que hemos hecho esta ruta. ¡Conseguido!

Fin de la N-222 cerca de Almendra


¡Conseguido!



    Toca deshacer el camino hasta V.N. de Foz Côa y, a partir de ahí, la ruta más rápida de regreso que nos lleva por Mirandela, Río Torto y Chaves, hasta Verín y, de ahí, por caminos ya trillados hasta casa.

    A eso de las 20:30 aparco y quito el contacto, después de un magnífico fin de semana, en buena compañía, con experiencias paisajísticas inolvidables y 770 km más en el marcador.

770,4 km (no te fijes en la hora, la foto la hice al día siguiente)


    No hemos tenido más incidente que la caída de mi casco y que la moto de Álvaro se negó a llegar a casa por sus medios...¡a falta de unos veinte minutos para llegar!. Nada grave; algo eléctrico o electrónico.

                                                         

Recorrido de la N-222 (aprox.)




    Análisis final

    Hay veces que las expectativas generadas por lo que lees, lo que te cuentan o lo que ves en algún que otro vídeo son algo desproporcionadas con lo que acabas viviendo y sintiendo.

    Esta N-222 es una bonita carretera. Lo que ocurre es que de todo su recorrido, solamente- es un punto de vista totalmente personal- se salva como "la mejor carretera para conducir del mundo" un ¿30%?. Aún así sería suficiente para catalogarla como una ruta muy, pero que muy recomendable. 

    Gracias, como siempre, por pasarte por aquí y dedicar algo de tu tiempo a leer estas historias

Saludos

César-10 Pulgadas













No hay comentarios:

Publicar un comentario