sábado, 1 de febrero de 2014


 EUROVESPA 2005. KLAGENFURT (AUSTRIA)
CRÓNICA DE UN VIAJE INICIÁTICO


El cartel del evento


Los dos protagonistas

“¿Por qué viajar en una Vespa (o en general en cualquier otra moto...desde un humilde Vespino hasta una mastodóntica Goldwing. Algún día escribiré algo sobre el "complejo del tamaño") cuando en avión o en coche se hace de una forma más cómoda y rápida?” 

Léelo y, al final, seguro que lo entiendes... No se puede viajar de otra forma al encuentro de miles de vespistas que seguimos fielmente a la "pequeña avispa italiana"... 

Una semana antes de partir todavía no sabía si podría hacerlo. Como siempre el trabajo organiza nuestras vidas mucho más allá de lo que nos gustaría. 

Los que hemos protagonizado esta historia somos dos: 
-“Lily Marlene” una Vespa PX200 con 5 años y totalmente de serie. 

- Yo, a mis 40 años, todavía loco por las Vespas. 

¿Qué lleva a alguien a realizar un viaje como éste? Básicamente dos razones. La primera, reencontrarme con mis ya viejos amigos del Vespa Club Cagliari (Cerdeña-Italia) a los que conocí, casi por casualidad, en el Eurovespa 2004 en Lisboa; la segunda, la que mueve a casi todos los viajeros: conocer gentes y lugares pero, sobre todo, experimentar, vivir... A estas añadiría una más: viajar de forma diferente a como lo hacen la mayoría de los mortales, aprovechando mi gran pasión por la Vespa. 

Aunque fueron pocos días, bastaron para hacerme una idea de Italia y Austria. De la primera, de la cual estoy enamorado desde que tengo uso de razón y que, después de este primer viaje, convertiría en mi segunda “cuna”, me impresionó la luz, la amabilidad y extraversión de sus gentes, su color, su arte. De la segunda sus paisajes, su civismo, su limpieza. 

Una vez solucionados los impedimentos laborales, rápidamente comienzan los últimos preparativos. Lily a revisión casi rutinaria ( cambio de aceite, bujía, neumáticos, cables de embrague, cambio y gas y junta de la tapa del embrague que perdía aceite) y algunas compras de última hora (un reloj digital barato para el manillar, una red para llevar cosas sobre el asiento y que al final no utilicé, una pila para la linterna y poco más). 

Con los nervios propios de un viaje de este tipo (y sobre todo por los “ánimos” que me daban la mayoría de mis conocidos... ejem), el domingo antes de la salida se organiza una comida “familiar” de “despedida” (¿creerían que no volveríamos?, ilusos). 

Malas noticias a la hora del telediario, una borrasca se desplaza por todo el norte hacia el Mediterráneo, justo mi ruta desde Vigo a Barcelona. Esa noche apenas pude dormir. 

...Y por fin llega el gran día

En orden de marcha
Tocan diana a las 5:30. Ducha, desayuno y guardar cosas de última hora. Voy a recoger a Lily al garaje, coloco todo en su sitio (¡¡cuánto carga una Vespa!!) y primer contratiempo: se me rompen las gafas graduadas. Arranco a las 7:20, lleno el depósito y, después de ciertas sonrisillas sarcásticas de los gasolineros enfilo la Avda. de Madrid y que San Corrado D’Ascanio nos proteja. La previsión es hacer sobre 170 km con cada depósito a una velocidad de reloj entre 90-110km. Se cumple a la perfección: primera parada en Verín (Ourense), 174 km y 2 horas exactas. 
A partir de aquí, y pasados los nervios y la excitación de los primeros km, todo empieza a transcurrir con monótona tranquilidad. Los lugares empiezan a pasar ante mi: A Gudiña, los antes temidos puertos de A Canda y O Padornelo, Puebla de Sanabria, Benavente... y empieza a apretar el calor de verdad. Ante la previsión de mal tiempo me había equipado más propiamente para Febrero y Austria que para Junio y Meseta Castellana: chaqueta y pantalón “de moto”, botas de carretera, calcetines gruesos, etc. No queda más remedio que aguantar y continúo mi cabalgada hacia Tordesillas y Valladolid en donde me armo el primer lío del viaje con la salida de la carretera hacia Soria. Muy amablemente dos guardias civiles de tráfico me conducen, un poco perplejos, hacia dicha carretera. Gracias. A estas alturas de viaje el cansancio empieza a dar señales de vida y, aunque cada 2 horas, aprovechando los repostajes, descansando un poco y estiro las piernas durante 10/15 minutos, la espalda se empeña en recordarme que lleva tras de mi 40 años. Pasado Valladolid me dedico, para no aburrirme demasiado, a meterme tras el parabrisas e ir escuchando el sonido del “mono”. Aunque de origen italiano, va como un reloj suizo. Da gusto oírlo, irregular a ralentí, “odiosamente” regular en marcha, sin un sobresalto. Paso Peñafiel con sus extensiones de viñedos, Aranda de Duero y empiezo a ver, camino de Soria, unas amenazadoras nubes negras que se van juntando. A unos 20 km de Soria empieza a chispear un poco. Nada importante, apenas se mojan los guantes. Llego a Soria a las 17:00 horas y, sin muchos problemas, encuentro un hostal en el centro a un precio ajustado, además de un parking cercano para Lily. 


Saliendo de Soria a primera hora de la mañana
...a por la otra mitad

Salgo a las 08:00 con la idea de llegar a Barcelona con calma para embarcar hacia Génova a las 19:30h. Buena carretera y poco tráfico desde Soria hasta Tarazona. A partir de aquí, el número de camiones en los dos sentidos hace muy incómodo el rodar. Pasado Zaragoza empiezo a cruzar los Monegros y me vienen a la memoria imágenes de la “mili” y de las maniobras por aquellas tierras. A partir de Zaragoza decido tomar la autopista para evitar los camiones. Fraga, Lérida y, aproximándome a Barcelona, ¡¡impresionante bajada hacia el Bruc y tremendos 30 minutos de agua y viento con los que me recibe la Ciudad Condal!!!. Son las 15:00 y tengo por delante 4 horas y media hasta que me dejen embarcar. La primera parte del viaje ha finalizado sin contratiempos. Me entretengo todo ese tiempo en canjear las reservas por los billetes, comer y beber algo y observar, sobre todo observar las gentes, el ir y venir del puerto y ... aparecen dos italianos en una P200E que había conocido tiempos mejores (tenía más superficie oxidada que pintada y el motor se notaba bastante “acatarrado”) que iban de regreso a su tierra después de una gira ibérica. Abren los 3 inmensos portones de aquel “cascarón” de más de 200 metros de largo, 9 plantas de pasaje, 4 de garajes, discoteca, restaurantes, piscina y gimnasio. Un auténtico hotel flotante.


Esperando para zarpar en Barcelona
Dejo el equipaje a buen recaudo y a las 21:00h zarpamos hacia Italia. Aunque soy de puerto de mar, los únicos recorridos en barco que había hecho hasta la fecha habían sido dentro de la Ría de Vigo de, como mucho 50 minutos. La perspectiva de 18 horas de balanceo mediterráneo no era muy atractiva. Pero la verdad es que tardé menos de una hora en acostumbrarme al suave vaivén. Me quedé dormido muy pronto. 
... Italia a la vista



Navegando por el Mediterráneo
A las 07:00 h me despierto y me voy a cubierta. No hay nadie, está amaneciendo, el mar completamente calmado, aire fresco y navegamos a unos 5 km de la costa francesa. Me paso un par de horas aspirando aquel aire salado, haciendo fotos a las ciudades y pequeñas poblaciones que se divisan en la costa... una hora antes de llegar a puerto debemos concentrarnos en diferentes puntos de la nave. Me dirijo al que me corresponde y, por fin, se divisa Génova. Veo a alguien que me parece conocido. Me dirijo a él y resulta que habíamos coincidido en el Eurovespa 2004 en Lisboa. Es Jerónimo de Cartagena, motero y vespista hasta la médula que, a sus 62 años, se dirige, también, a Austria con un X9 500. decidimos hacer el viaje juntos e ir yo delante al ser la moto mas lenta de las 2, para marcar, así, el ritmo.



Navegando a lo largo de la costa francesa
Por fin desembarcamos y pisamos suelo italiano. Los primeros instantes de recorrido por Génova hasta la “autostrada” pasan sin ser conscientes casi de nada. Solo vas pendiente de seguir las indicaciones correctas y de que no te tiren al adelantarte. Pasados unos 20 km se tranquiliza el tráfico y por fin empiezo a ser consciente de todo aquello. He llegado a Italia, estoy rodando por Italia. Sin querer se me escapa un largo grito de alegría y, he de reconocerlo, un par de lágrimas de emoción. Tengo un nuevo entretenimiento: ver por los retrovisores la ancha silueta de la X9 detrás de mi.

Simpático recibimiento en Génova
Los paisajes son increíbles, entre túnel y túnel, a ambos lados de la “autostrada”, los Apeninos nos acompañan durante una buena cantidad de km. Hacemos unos 160 km y decidimos parar en Cremona a dormir.
Llegado a este punto, debo decir que ni Jerónimo ni yo llevábamos ni GPS, ni rutómetro...La única cartografía eran unas cuantas hojas con mapas de Google con el recorrido general, sin detallar. Entramos en Cremona y, lógicamente, nos ponemos a dar vueltas por la ciudad en busca de alojamiento y de una farmacia para conseguir un medicamento para Jerónimo. En la propia farmacia nos indican que al otro lado de la calle tenemos un hostal de buen aspecto y precio. Allá nos vamos. Llegamos al hostal, descarga de equipaje, ducha y nos vamos en busca de un sitio para cenar.
...dirección Austria.
Nos levantamos, desayunamos y nos preparamos para partir en dirección NE. Al ir a pagar el hostal la dueña me muestra una tarjeta postal de "unos chicos españoles que se habían alojado aquí"... una banda de música juvenil de Redondela...jajaja!!!. Qué pequeño es el mundo...

El hostal de Cremona
Decidimos ir por autopista (caras, por cierto y no son ninguna maravilla). En Verona abandonamos la autopista para repostar y Jerónimo se va al suelo, sin más consecuencia que un retrovisor de la X9 algo tocado y una ciclista italiana echando pestes contra aquella mole gris plata que se le venía encima. Salimos de Verona, regresamos a la autopista, pasamos Vicenza, Venecia (paramos para verla de cerca y decidimos hacer una visita algo más larga a la vuelta). Después nos “colamos” un peaje (son un auténtico lío y casi nunca aciertas la cabina correcta para pagar). Empezamos a encontrarnos retenciones. Más de 10 km de coches parados en los dos carriles. Un camión se había saltado la mediana, había chocado con otro y se habían incendiado los dos en nuestro lado. 
Encontramos a dos colegas del Vespa Club Civitavecchia y hacemos parte del recorrido con ellos. Se quedan en Udine, muy cerca de Austria, a dormir y nosotros continuamos.


Jerónimo y yo con los colegas del V.C. Civitavecchia
De repente, casi sin darte cuenta, empiezas a ver montañas enormes a lo lejos que te anuncian la proximidad de los Alpes Cárnicos y Austria. Paramos en la última área de descanso italiana y nos metemos de lleno en la majestuosidad de aquellas montañas. Túneles y más túneles, cauces de ríos alpinos (por cierto secos), montañas varias veces más altas que las de mi Galicia natal y, de repente, un cartel: Austria 1 km.
Entrando en Austria
Marcha atrás por el arcén y foto obligada. Al entrar en Austria hay que comprar la patente de autopista, cosa que no hicimos por desconocimiento, y, tuvimos la suerte de no tener que dar explicaciones a ningún “polizei”. Rodando muy tranquilos por aquellos paisajes de postal llegamos a Portschach a las 19:00 h. Fue otro de los momentos emotivos del viaje. Después de casi un año sin verlos, me reencuentro con mis amigos de Cerdeña.
Cenando con los amigos de Cerdeña
(izda a dcha: Jerónimo, yo, Filippo Pantaleo, Paolo y Sandro)
Ha sido un año difícil de trabajo, de ahorrar, de vencer muchos obstáculos, de muchos km en solitario para poder llegar aquí. Un pensamiento no me abandonó en todos los días que estuve allí: “no me puedo creer que esté en Austria”. 
Al día siguiente nos vamos a cumplimentar los últimos trámite de las inscripción y el resto de la mañana la dedicamos a ver, a ser espectadores y actores de aquel espectáculo. Vespas y vespistas de todos los colores, razas, cilindradas, modelos, preparaciones, idiomas. Hay que estar allí para verlo, creerlo y disfrutarlo. Es una moderna Torre de Babel en la que se mezclan diferentes idiomas y un común petardeo característico. 
Recorremos durante el resto del día los alrededores. Villach, donde visitamos el museo de la moto y el coche antiguo, Krumpendorf, Klagenfurt y el fino olfato gastronómico de Filippo nos hace gozar de unas comidas suculentas en unos lugares de ensueño. 
Vayas por donde vayas, no hay carretera. Hay una enorme masa de Vespas moviéndose de un lugar a otro, a veces por el simple placer de exhibirse. Fantástico.
Contábamos con apoyo espiritual
De vuelta al lugar de la concentración paramos a embobarnos con la belleza del lago Wörthersee, es indescriptible. 
Regresamos de noche y nos tomamos unas buenas, aunque carísimas, cervezas en medio de todo aquel meollo. Ves preparaciones increíbles, modelos que ni imaginabas que existiesen, tipos curiosos...
Un ejemplo de lo que por allí se podía ver

... más ambiente vespista.
A primera hora nos vamos de excursión, que nos ocupa toda la mañana, hasta Klagenfurt. El momento de la salida es impresionante. Hay una nube de humo de motor de 2T densa como el puré de guisantes y se tarda más de media hora en conseguir salir. Calculo que la caravana ocupaba algo más de 3 km de carretera llena de Vespas ( todo hay que decirlo, había alguna prima hermana Lambretta infiltrada). Recorremos el perímetro del Wörthersee entre aplausos de algunos peatones, bocinas de saludo de muchos coches y pocas caras de enfado de los que estaban retenidos por nuestra culpa (gente muy educada, llega a ser en otro sitio...). 

De vuelta a Portschach nos arreglamos para la cena de gala y ¡sorpresa! Nos ponen buses para llevarnos al lugar de la cena Klagenfurt. Eso sí, después de haber pagado 56 € de inscripción no es normal que te cobren 4 por el bus para la cena y, mucho menos, que ya sentado a la mesa, 2,50 por cada cerveza.


La cena del sábado
Aquí si que se notó mucho la diferencia con el Eurovespa de Lisboa del año pasado, que fue muy animada, bebida gratis por doquier, bien servida, buena comida...en fin, no siempre puede salir bien. Realmente la cena nos importaba poco, lo importante era estar con la gente conocida y la genta a la que conocías allí. Como espectáculo, la cena fue muy germánica, algo sosa y se echó en falta, por ejemplo, la entrega de los recuerdos a los clubes en el escenario, que siempre da un toque bonito. Eso sí, después de la cena hubo bailoteo y jarana hasta que el cuerpo aguantó. 


Con los amigos sardos
Jerónimo estaba empeñado en darle unos recuerdos de su Cartagena a Christa Solbach ( la presidenta de la F.I.V.) y, al final, hasta el gorro de no conseguirlo, acabó por dárselos a Rita y a la novia de Mirco (Vespagang), que se lo agradecieron de todo corazón. Un tío genial Jerónimo. Vemos a algunos españoles de los que, lamentablemente, no recuerdo la mayoría de los nombres: un padre y su hijo que venían desde Cataluña, Jordi Balart de Barcelona, etc. De regreso en el autobús hubo que aguantar durante media hora la “horda germano británica” cocidos en alcohol... 


...el regreso a casa.

Nos levantamos temprano, recogemos las cosas, cargamos las monturas, desayunamos y nos despedimos de nuestros amigos con un “hasta pronto”, que, en mi caso, es muy pronto ya que a finales de Julio me voy a Cerdeña con la familia a verlos.

Nos vamos despidiendo de los amigos

A las 10:30 nos vamos, mirando a cada momento por los retrovisores la tierra que vamos dejando atrás. Decidimos autopista solo hasta la “frontera” italiana en el Tarvisio y, a partir de aquí, hasta Údine, cruzamos los Alpes por una carretera de ensueño entre montañas, asfalto impecable, curvas de vicio...y muchas, muchas motos de “rueda grande” que nos ven pasar o nos pasan con un cierto asombro. 

Entrando en Italia



Como prometimos, paramos en Venecia para verla de cerca. Aparcamos las motos al lado de la estación de tren y nos vamos caminando puente arriba, puente abajo, cruza que te cruza canales y canalillos, hasta que, por fín y después de 2 horas de caminata desembocamos en la Plaza de San Marcos. Un espectáculo maravilloso. Hacía calor, muchísimo calor húmedo, pero valió la pena solamente por poder admirar ese maravilloso conjunto de la Plaza, San Marcos, el Palacio Ducal, el Puente de los Suspiros, el Gran Canal, la Laguna...Después de una horita de dar vueltas por allí y de hacernos unas cuantas fotos nos subimos a un vaporetto y en poco más de media horas nos encontramos de nuevo subidos en las monturas camino del "continente".

En Venecia
No llevábamos un plan de viaje. No sabíamos en dónde pararíamos a cenar, a dormir, etc. Arrancamos y nuestra ruta la iba marcando aquella gente a la que íbamos preguntando por dónde se iba para Génova. Tardamos algo más de lo debido en salir de la parte "continental" de Venecia (Mestre) y finalmente nos encontramos rodando por carreteras secundarias sin una idea muy clara (bueno, realmente sin idea) de por dónde íbamos. Se nos empieza a hacer de noche. La PX necesita gasolina y me pongo en modo "conducción "eco"”. Pasan los kilómetros y no hay ni una gasolinera abierta a la vista. Finalmente y ya en el límite del depósito -casi 9 litros entraron en aquel repostaje in extremis- encontramos una gasolinera. Nos comenta un buen hombre que andaba por allí que si no sabíamos que los domingos la mayoría de las gasolineras cerraban, quedando solamente las de guardia. No, no lo sabíamos. No sabíamos en dónde estábamos, íbamos a saber que cerraban!!!...
            Una vez repostados reemprendemos la marcha y nos empieza a caer la tormenta del siglo...bueno, no sé si del siglo pero, por lo menos, la de la temporada. 11 de la noche, lloviendo a mares y no sabemos en dónde estamos. Al cabo de 2 horas de aventura nos encontramos, como en una película, con un cartel en el que se leía, entre las gotas de agua que caían iluminadas por el mortecino haz de luz de mi Vespa, el salvador nombre de una población: Cremona!!!. Evidentemente no nos lo pensamos más y nos dirigimos al mismo hostal en el que habíamos dormido a la ida. Cerrado. Es la 01:00 de la madrugada y hacemos levantar a la dueña. Sin un mal gesto- un cartel en la puerta decía, claramente, que no se admitía después de las 23:00- nos admite y nos dice en dónde podemos encontrar algo de cenar. Mientras Jerónimo se hace cargo de todo nuestro equipaje y de la habitación, yo me voy en busca de la trattoria salvadora de nuestro apetito. Otros que también estaban cerrando. Mi aspecto desamparado debió hacerlos compadecerse de mí y volvieron a encender el horno de leña y prepararme dos enormes pizzas y una bebidas por unos asombrosos 14€. Allá como pude acomodé las pizzas sobre Lily y me volví al hostal...a duras penas ya que casi ni recordaba por dónde se iba!!!. Cenamos en el patio de hostal a eso de las 02:00 con un balsámico silencio a nuestro alrededor. A dormir que mañana hay más.

Jerónimo y yo
A la mañana siguiente, bien descansados y desayunados ponemos rumbo a Génova. Elegimos carreteras generales y secundarias que nos van mostrando bellos rincones de la llanura padana y, más tarde, de los Apeninos. Pena de no tener en su momento una cámara de vídeo para ir grabando aquel viaje y tener, ahora, que depender de la memoria para recordarlo. Llegamos  a Génova. Nos encontramos en el puerto con alguno de mis amigos de Cerdeña que esperan su barco. Tenemos unas cuantas horas por delante y las pasamos hablando de motos, viajes, la familia, la vida, etc. De vez en cuando se acerca algún que otro curioso que espera a embarcar su coche y nos pasamos un rato contándole de dónde somos, de dónde venimos, a dónde vamos, etc. Finalmente embarcamos.Otra vez 18 horas de barco hasta Barcelona que pasan con la misma rutina de la ida. Nos encontramos en el barco con Balart y con algunos compañeros del V.C. de Lérida. Nos tomamos unas cervezas con ellos y charlamos hasta que el cuerpo aguanta. Nos vamos a dormir. Al día siguiente la misma rutina de siempre. Desayuno, fotos, paseo por cubierta, etc. Llegamos a Barcelona a eso de las 19:00. Enfilamos, sin dudarlo hacia la salida de la urbe. En el área de servicio de Penedés nos encontramos con Quique de “Los moteros jubilaos” (gracias por las fotos). Charlamos un rato, repostamos y nos despedimos. Yo en dirección Lérida y Jerónimo dirección Tarragona. Nuevamente rodando solo.

En el área de servicio de Penedés
Comienzo a rodar a buen ritmo, ese ritmo que llevas cuando estás feliz, la carretera ayuda y la Vespa va "suelta". Toda esa "felicidad" se termina, bruscamente, al pasar Lérida. Nuevamente anochece y comienza a caer una de esas tormentas de verano con fuerte aparato eléctrico. Por la autopista ruedo lo más rápido que puedo y que me permite la climatología. Veo lo rayos caer a 100 metros del arcén. Me paro debajo de un puente a reflexionar y a esperar a que escampe. Después de media hora decido continuar ya que esto no tiene trazas de parar. Voy empapado por fuera aunque por suerte la ropa va haciendo bien su trabajo y mantiene el agua en el exterior. Al llegar a la altura de Candasnos, sobre las 22:30, decido salir de la autopista y buscar un sitio para pasar la noche. Recuerdo el estado de mi cuenta corriente y decido buscar un alojamiento económico. Encuentro un buen hostal en el que el dueño, viendo mi lamentable estado exterior me deja guardar la Vespa en un cobertizo anexo y me da una magnífica habitación. Ceno y me voy a dormir. A la mañana siguiente me levanto temprano y carretera... Llego a Zaragoza y decido darme una vuelta por la ciudad. Después de un vistazo rápido a la Basílica del Pilar busco la carretera de Soria.
A partir de aquí el viaje se convierte en una agradable contrarreloj camino de Vigo. Viaje algo monótono, pero, incansablemente, los km van pasando bajo las pequeñas ruedas de Lily..., Soria, Aranda de Duero, Valladolid, Tordesillas. A partir de aquí calor agobiante, mucho viento lateral, Benavente, Puebla de Sanabria y el susto. Lily se para en medio de la autovía. La primera milésima de segundo piensas en lo peor: un montón de kilómetros hechos, un calor agobiante con el gas a fondo en muchos tramos = gripado. Agarro rápido el embrague y al arcén. Vuelvo a arrancarla y noto como si le faltase gasolina. Me tranquiliza ya que no hubo bloqueo de la rueda trasera. Es un problema de suciedad en el carburador. Este fue el único incidente “serio” que tuve en todo el viaje y se solucionó en menos de 10 minutos...
Continúo rápido hacia O Padornelo, A Canda, A Gudiña, Verín, Ourense y, al llegar a Ribadavia, no puedo más. Paro en el área de servicio y me tiro en la hierba a descansar. Llevo 815 kilómetros hechos hoy. Todavía quedan 70 para llegar a Vigo y tengo que auto convencerme para continuar. Entro en Vigo a las 22:00 después de 885 kilómetros hechos ese día. Al día siguiente Lily me llevó a trabajar como si no hubiese vivido absolutamente nada de lo que has leído. ¡¡Gran chica!!.

Me llevó hasta Austria y me trajo de regreso a casa

Recorrido, a grandes rasgos, del viaje
NOTA: Todas las fotografías de este reportaje se han hecho con cámara convencional de película y posterior escaneado. Aquí tenéis los enlaces a algunas fotografías más de ese viaje: 
https://plus.google.com/photos/112495234450006658073/albums#photos/112495234450006658073/albums/5507495326976438113
https://plus.google.com/photos/112495234450006658073/albums#photos/112495234450006658073/albums/5381698538365130369








6 comentarios:

  1. Lo primero olé, olé y ole, que pasada de viaje, me parece una de las mejores uniones que se me ocurren, mi pasión por Italia y las vespas.
    Que envidia sana me dais tu y Lyli. Yo también he empezado un blog de restauración y viajes si le quieres hechar un vistazo des llama http://lavegana150.blogspot.com.es

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    1. Hola Emilio. Antes de nada agradecer enormemente tus palabras. Me alegro que te gustase lo que he contado de este viaje...aún quedan unos cuantos más!!!. He visitado tu blog y me ha gustado. Me han gustado mucho tus fotografías ( encuadre, definición y "tema") y lo que has puesto de la restauración de la "Lammy" detallado, preciso y meticuloso. Bravo!!!. Recibe un cordial saludo desde Vigo. César

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  2. Gracias a la generosidad de César, este texto ya lo conocía de unos años atrás, pero releerlo me ha vuelto a generar la misma ilusión que tuve la primera vez y esa envidia de la más "tiñosa" por hacer algo así. Más tarde, tuve la oportunidad de hacerlo y, en un porcentaje elevadísimo, por culpa de César y sus relatos: los aquí escritos y los que he podido compartir en persona con él.

    Con ello quiero decir que, todos estos relatos deberían acabar con una advertencia como la que aparece en los paquetes de tabaco, alertando de "la grave adicción que puede generar. Evite tener una Vespa a mano y una Visa con saldo suficiente. Pueden provocar en el lector ansiedad, envidia cochina y ganas de mandar al garete su situación laboral y liarse la manta a la cabeza. En caso de que aparezcan estos síntomas, consulte con la parienta (si la hubiere), repase el extracto de la cuenta bancaria y déjelo para una mejor ocasión".

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    1. Miguel...qué te voy a contar que no sepas!!!. Sabes muy bien que si la fortuna nos sonriese (me refiero al tema económico) no nos llegaría este blog para ir contando viajes, aventuras y emociones. Algún día cambiará, a mejor, la suerte...los dos sabemos, o por lo menos intuímos, que así será. Nos queda mucha cuerda y muchas carreteras por descubrir. Muchas gracias fratello por haber pasado por aquí y por ser como eres!!!. Un abrazo.

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  3. Sí señor, César, me sumo al comentario de Miguel y añado que soy otro de los "contaminados" por ese virus y que hicieron que al año siguiente y al otro tuviera la inmensa suerte de acompañarte en esa fructífera y enriquecedora locura vespera por la Bella Italia. Gracias por animarnos y ser nuestro sensei en ésto de movernos de Pirineos para fuera en 10 pulgadas.
    Un fuerte abrazo fratello! y sigue con ello. Estamos espectantes aun que solo sea por releer esas apasionantes crónicas.
    Rubén

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  4. Rubén, no hay buen "sensei" si no hay buenos "discípulos". Me emociona pensar en el momento en que me toque publicar aquel viaje que hicimos en el 2006 a Turín...He dicho más de una vez que hay una serie de amigos (se cuentan, exactamente, con los dedos de una mano) con los que me iría a cualquier parte en cualquier momento sin dudarlo ni un instante. Y Sonia y tú sois dos de ellos. Un abrazo fratello!!! y gracias por pasarte por aquí!!!.

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